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Plaza Porticada

Patrimonio


Autor. José Luís Ruz Marquez
LDO. EN BELLAS ARTES, CATEDRÁTICO DE BACHILLERATO
Farua Numero 15
Año 2012

La Plaza Porticada de Berja

Cuando el 30 de enero de 2012 el alcalde y la delegada de Turismo inauguraban
oficialmente la remodelación de la plaza porticada, recuperaba Berja -y recuperábamos
todos- un espléndido conjunto, único de su tipo en la provincia y muy escaso en
Andalucía. Una recuperación que para mí ha supuesto un verdadero goce, ya que venía
a coronar un anhelo abrigado desde el mismo día en que "descubrí" que lo que rodeaba
el mercado de abastos no era otra cosa que una hermosa plaza de soportales. Desde
entonces defendí la idea de liberarla de aquellos puestos que la agobiaban, y con ese fin
hablé, siempre que ocasión tuve, demandando la vuelta a su estado original. Por eso veo
hoy con enorme satisfacción que algo que ya pedí desde las páginas del programa de
festejos de 19761, se haya convertido al fin en una feliz realidad.
La liberalización de las explotaciones mineras decretada por Fernando VII cambió
la faz de Berja y de su antiguo partido. De las entrañas de la impresionante mole que la
corona -la Sierra de Gádor- surge un mineral que en interminables recuas de arriería es
arrimado a las fundiciones de Berja, Dalias y Adra para su transformación en metal o su
embarque en bruto por el puerto abderitano hacia otros países, en tan crecida cantidad
que su llegada a Europa determinaba las cotizaciones del plomo y de la plata.
Ya no es Berja el "Corazón que vivifica / ese gigante de piedra"-como decía
Calderón de la Barca en Amar después de la muerte-, sino que es la sierra el gigante que
marca ahora los latidos vitales del pueblo. Explotaciones como "Minas de Berja", sita
en la Loma del Sueño, que produce entre 1821 y 1841 más de tres millones de arrobas
de mineral de primera y otras ubicadas en el Pecho de las Lastras, el Llano de los
Pozos... hasta contabilizarse un total de 1.500 explotaciones, propician la formación de
nuevas fortunas y el remozamiento de otras antiguas.

El Mercado de Abastos

Desde tiempo inmemorial el mercado se venía realizando en los alrededores del
templo parroquial, que en este año de 1858 se halla precisamente en construcción, en
unas interminables obras iniciadas en 1831. Para la población de antaño siempre le
había bastado con ocupar la calle de la Cárcel con mercaderías varias, la del Señor de la
Humildad -hoy Mártires de La Alpujarra- con la verdura, y el frontal del propio templo
con los granos.
Pero los tiempos han cambiado. La prosperidad aportada a Berja por la minería, a
la que hay que añadir la experimentada por los pueblos de su comarca, han multiplicado
la concurrencia al mercado y, en consecuencia, aquellos límites son rebasados y se toma
en su práctica totalidad la plaza de la villa -en estos años llamada de la Libertad- que se
torna en intransitable, abarrotada de carros y mercancías, gente y ganado, con grave
riesgo para la salud pública.
Esta situación no era acorde ni apropiada -según palabras del alcalde don
Francisco de Paula Torres Gutiérrez- con los nuevos tiempos ni el "crecimiento natural
de la población y su desarrollo industrial, cual el de los pueblos comarcanos, [que
producen una] afluencia de artículos de diferentes clases que no podían contenerse en la
calle de la Humildad al presente destinada al mercado, por cuyo motivo este se extendía
a la única plaza de la villa con notable perjuicio de la comodidad y orden público, en
razón a que dicha plaza era punto de paso entre las carreras de Granada y Almería en dirección
de Levante a Poniente y la de Adra y el llano de Laujar de Norte a Sur: que la
fuente que en ella se sitúa es un bebedero público que atrae tanto a las personas como a
las bestias, todo lo que forma un conjunto irregular y confuso expuesto a continuos
conflictos.
Conflictos "que deben aumentarse tan luego que se ponga en uso la Iglesia que se
construye, por que ocupando uno de sus costados la calle de la Humildad, y existiendo
en ella una de sus puertas, era incompatible el mercado de las verduras establecido en
dicha calle, así como el de granos [...] en la puerta principal de dicho templo afrontante
con la plaza.
A tantos inconvenientes habría que considerar el peligro a que continuamente se
expone la salud pública, llegándose al caso extremo de trasladar el mercado a la rambla
de Julbina, tal como ocurrió con la epidemia de cólera morbo en 1854. La situación es
tan penosa que el ayuntamiento viene desde hace tiempo acariciando la idea de
establecer un mercado de obra, definitivo, que acabe de una vez por todas con tanta
molestia, desorden e insalubridad. Y para su ubicación piensa en la calle de la Unión,
recientemente abierta en el Ensanche y que comunica con la parte principal de la calle
del Agua.
En esta búsqueda se inician los contactos con los propietarios y cuando esperan
que incluso se podrían ver obligados a la expropiación forzosa, se encuentran con que
no sólo no se niegan, sino que las hermanas doña Soledad y doña Gádor Joya Enríquez
y Don Carlos Ibarra Oliver, están dispuestos a ceder al Ayuntamiento, "con tanta
generosidad que no exigen gratuitamente retribución alguna'' un solar de 36 varas de
ancho por 80 de fondo para ubicar en él plaza y mercado.
Los donantes -que naturalmente esperan con la cesión la revaloración de las casas
que se construyan y del resto de sus solares- tan solo ponen como condición que el
"Ayuntamiento no construya edificios de ninguna especie en el área descubierta; y que
en el caso de que por cualquier motivo de utilidad pública u otra razón de conveniencia
se trasportare el Mercado a paraje distinto, el expresado solar de la plaza se revierta al
dominio de los concesionarios.
En sesión municipal de 14 de mayo de 18587, la donación es aceptada por el
ayuntamiento entonces presidido por don Francisco de Paula Torres Gutiérrez, y
compuesto por los concejales don Juan de Cuesta, don Antonio García Torres, don
Baldomero Murillo, don Luis Pérez, don José Saracho, don José y don Francisco de
Joya, don Nicolás del Moral, don Eustaquio Cueto, don Antonio Ma Torres, don
Bernardo Bueso, don Nicolás Paya, don Francisco Barrionuevo, don Nicolás Sánchez y
don Tesifón Dotes, secretario municipal.

En contra del Proyecto

Días después de aquella sesión, el 17 mayo, el vecino don José Torres Vázquez se
opone a la construcción del mercado en aquel sitio. No está de acuerdo con lo que él
llama irónicamente Proyecto de Ibarra y del Moral -don Nicolás del Moral era concejal,
hijo y sobrino de las señoras donantes- entre otras cosas por considerar la calle elegida
la menos conveniente ya que "está fuera del centro y una de sus entradas va a parar a un
arrabal.
Pero más que preocupado por la comodidad pública, lo que el Sr. Torres pretende
es obtener provecho del proyecto en el que lleva invertidos, según asegura, más de ocho
mil duros."Si para el mercado se busca la comodidad de todos -decía- entonces en
ninguna otra parte puede encontrarse tan positivo como en la nueva plaza y calles que
tengo próximas a su conclusión en la huerta que fue de mi morada, [...] Una plaza con
catorce casas que la circundan, cuya obra toca a su terminación y que en dos meses
cuando más estará abierta al público y se encuentra en el centro de la población, y tiene
por entradas tres calles que arrancan de otras tantas muy principales.
Parece referirse el oponente a la actual plaza de San Pedro, lugar que desestimó el
pleno municipal al considerar las razones, recelos y dudas de favoritismo del oponente
gratuitas y supuestas, y sobre todo, por apreciar mayores ventajas en el proyecto de la
calle de la Unión, más ambicioso en dimensiones y presupuesto.
Nacimiento de la Plaza
En 18 de octubre de 1858 el gobernador de Almería, don Mariano de Prellezo,
aprueba la ejecución del proyecto, siempre que éste sea sometido "a la dirección de
persona facultativa competente"10. Esto y nada es, desgraciadamente, lo que nos aporta
la autorización gubernativa sobre la autoría del proyecto; lo que ocurre también con la
documentación, en la que tampoco figura firma alguna en los planos que la ¡lustran.
El proyecto bien podría ser del arquitecto Contreras o de cualquiera otro de los
técnicos empleados en las obras del templo parroquial, que por aquellas fechas amenaza
desplomarse por el exceso de peso de la bóveda central. De no aparecer nueva
documentación se presenta la autoría del proyecto de la plaza como algo difícil de
averiguar, máxime cuando su traza, por su sencillez, no permite establecer influencias ni
comparaciones.
Lo cierto es que en diciembre de 1858 comienzan los trabajos para levantar el
perímetro de viviendas de la plaza. Sin apenas paros en la tarea, las 2.880 varas cuadradas
se vieron cercadas por un conjunto de casas de dos plantas, con un soportal
corrido de 37 arcos de medio punto de mampostería, labradas sus jambas en cantería y
superados de unos balcones con bases de cantería y sencillas barandas de hierro forjado.
Construida en el plazo de dos años al que se habían comprometido, los donantes
dan la obra por concluida el 14 de diciembre 1860 -año que podemos ver en el balcón
central de la plaza- y el 31 de diciembre una comisión constituida por el nuevo alcalde,
don José Barrionuevo y los concejales don Nicolás Sánchez y don José María
Villalobos y el secretario don Tesifón Dotes reconoce la plaza y deja "instalado en ella
el mercado así como la carnicería en el edificio construido con condiciones las más
apropiadas al intento en todos sentidos.

INAUGURACIÓN

Y así de este modo sencillo inició su andadura una obra que supuso un enorme
sacrificio económico, teniendo en cuenta el valor de lo construido y del solar, altísimo si
reparamos en que dos años después un huerto similar costó la fortuna de 70.000 reales.
Un esfuerzo que bien había merecido la pena: con él Berja añadió a su patrimonio
histórico y monumental todo un, aunque sencillo, hermoso conjunto arquitectónico.
El mercado se asienta en su plaza el primer día del año 1861. Año nuevo y vida
nueva. Atrás quedan las aglomeraciones, desórdenes v molestias en la plaza de la villa.
Su vida, a partir de entonces, la de todas las plazas de su clase: cumplir la tarea sencilla,
pero sacrificada, de abastecer las necesidades de la población. Una existencia monótona
raramente alterada por algún suceso extraordinario, tal como aconteció en octubre de
1869, en que por una noche se vio transformada en ocasional "campo de concentración"
de los hombres de don José Burell, un republicano federalista capturado con hombres,
banderas, armas y caballería, en las proximidades de Berja por una partida del
regimiento del Príncipe.
Diariamente presenciaba la llegada de las diligencias, la última de las cuales fue
"La Berjeña" establecida en Almería y Berja por Antonio y Jerónimo Sedaño Hermanos
en 1890 y encargada de llevar y traer viajeros, muchos de los cuales se alojaban en la
posada de la Carrera o en el parador de Iberia o en la posada de sus bajos, en el caserón
que preside nuestra plaza porticada y que tanto invita, por su pinta de ayuntamiento, a
pensar en una plaza mayor cuando paseamos nuestros ojos por el conjunto.

El mercado en 1926

El afán de obras públicas de la dictadura de Primo de Rivera tenía al alcalde don
Francisco Oliveros de Trell empeñado en infinidad de actuaciones: reparación de las
calles, la reforma de la casa ayuntamiento, prisión y juzgado; la creación de la banda de
música, la instalación del agua corriente por medio de una red de seis kilómetros de
tubería de hierro.
En estas circunstancias se decidió la obra de reacondicionar el mercado. Para ello
se encargó al perito industrial don Antonio Salmerón Pellón el proyecto de
reacondicionamiento del mercado por medio de la construcción, en el centro de la plaza,
de tres filas de puesto fijos en dos pabellones de mampostería, hierro y zinc, en cuyas
cabeceras se colocaron sendas fuentes de agua potable, cada una de ellas con un águila,
animales a los que no tardó el pueblo en sexar como "Macho" y "Hembra", y que
sostienen con sus garras las armas municipales de Berja, un escudo más propio -por sus
cuarteles, yelmo y lambrequines- de la heráldica civil que de la municipal.
Esta obra fue inaugurada la tarde del 26 de julio de 1926 por el gobernador civil,
don Pablo de Castro Santoyo, quien procedió, tras la bendición del párroco, a su
apertura con la llave de plata que le entregó el alcalde, con la asistencia de medio
pueblo, así como del general gobernador militar, don Santiago Zumel Ruiz, del jefe
provincial del partido Unión Patriótica, don Gabriel Callejón Maldonado, y de otras
autoridades, las cuales se felicitaron con una cena en casa del alcalde y una velada
amenizada con los sones de la recién creada banda13 en el paseo del Siglo, que se
alargó hasta las tres de la madrugada, cuando la comitiva inició el regreso a Almería y
con ella la llave inaugural de plata regalada al gobernador... y la visión completa de toda
la Plaza para décadas.
Han tenido que transcurrir más de ochenta años para que la plaza recupere su
aspecto original y para que se restaure la condición impuesta por los donantes en 1858:
que no se "construya edificios de ninguna especie en el área descubierta". Mucho
tiempo, pero más vale tarde que nunca. Lo cierto es que debemos congratularnos por la
sensibilidad con que se ha actuado, acorde con el buen trato que merece. Pero con ser
importante, como es, su restauración y conservación no lo es menos el cuidar de su
utilidad.
De momento todo parece apuntar en la buena dirección y ya está utilizándose la
plaza como el marco ideal que es para todo tipo de manifestaciones lúdicas y culturales,
entre las que cabe destacar el mercado medieval ya celebrado y otras muestras que se
proyectan, un auténtico homenaje y recuerdo a quienes, con este fin, la levantaron. Un
uso continuo y apropiado es lo menos que se debe procurar para uno de los más
importantes atractivos de los muchos que adornan a la Muy Noble y Muy Leal Ciudad
de Berja.
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